Un incendio en una casa antes le daba a una familia unos diecisiete minutos. Ahora le da unos tres. La diferencia no son los bomberos. Son, más que nada, los muebles, y el disco de plástico en el techo que alguien tenía que probar.
Poco después de la medianoche, en la madrugada del viernes, llamaron a los bomberos a una casa en la cuadra 200 de Blakeley Drive, en el lado noreste de San Antonio, cerca de Rittiman Road y Austin Highway. En el lugar, los bomberos rescataron a una persona y a una mascota de la casa, pero una segunda persona no sobrevivió, dijo el departamento de bomberos. A la persona rescatada la llevaron al Brooke Army Medical Center por inhalación de humo. Los investigadores dijeron que el interior de la casa quedó severamente dañado, y la causa sigue bajo investigación del equipo de incendios provocados del departamento, que es la unidad que investiga los incendios y no una acusación sobre este. El mismo reporte traía el recordatorio del departamento de revisar los detectores de humo cada mes, de instalarlos en el techo de cada cuarto, especialmente en las recámaras, y de llamar al 311 para conseguir uno, porque algunas estaciones los instalan gratis (KSAT, en inglés). Vino dos días después de otro incendio mortal en una casa de Texas. El miércoles por la mañana, un incendio en el condado de Van Zandt, en el este de Texas, mató a una madre y a cuatro niños, como lo confirmó la oficina del sheriff el viernes (KLTV, en inglés), y tampoco se ha reportado una causa para ese. Aquí no se nombra a nadie, y nada en esta página decide lo que pasó en ninguna de las dos casas.
El reloj. Un incendio en un cuarto tiene un momento después del cual nadie en el cuarto sobrevive, y la ciencia tiene un nombre para él. El Instituto Nacional de Normas y Tecnología define el flashover, la combustión súbita generalizada, como la fase de transición en el desarrollo de un incendio contenido en la que las superficies expuestas a la radiación de gases de más de 600 grados Celsius alcanzan su temperatura de ignición más o menos al mismo tiempo y el fuego se extiende rápidamente por el espacio, y lo llama la etapa más peligrosa del desarrollo de un incendio (NIST, Fire Dynamics, en inglés). Un fuego en un cuarto se vuelve un cuarto en llamas. Lo que cambió es qué tan rápido llega. Underwriters Laboratories amuebló cuartos de dos maneras, uno con los materiales naturales de hace cincuenta años y otro con lo que hay en una sala de hoy, y los quemó: todos los cuartos modernos llegaron al flashover en menos de cinco minutos, mientras que el cuarto antiguo más rápido en llegar lo hizo en poco más de 29 minutos, es decir, los hogares de hoy ven incendios que llegan al flashover más de ocho veces más rápido que las casas construidas hace 50 años. La razón es la espuma y la tela sintética, que sueltan su calor más rápido que los materiales naturales a los que reemplazaron y cuyo humo lleva asfixiantes, irritantes y subproductos cancerígenos en el aire, todo agravado por casas más grandes, plantas abiertas, más carga de combustible y nuevos materiales de construcción (UL, New Science Fire Safety Journal, en inglés). La física, y lo que significa para la persona que abre la puerta de la recámara, es El flashover. Lo que hace el humo en el camino es El humo, y lo que hace el calor es Fire (en inglés).
El detector. El laboratorio federal de incendios midió el tiempo que una familia de verdad tiene. En sus pruebas de incendios con llama en los muebles de una casa, el tiempo que el estudio contó antes de que las condiciones en el hogar se volvieran insoportables promedió 177 segundos, menos de tres minutos; en las pruebas de 1975 con las que se compara, la misma medida había promediado 1,036 segundos, unos diecisiete minutos (NIST, 2008, en inglés). Tres minutos alcanzan si el detector suena temprano y la familia sabe lo que significa el sonido. También importa qué detector. El estudio encontró que en los incendios sin llama, los que empiezan en un cojín o en un colchón, los detectores fotoeléctricos percibieron el fuego en promedio 30 minutos antes que los de ionización, y advirtió que los detectores de ionización quizá no siempre den tiempo suficiente a las personas más vulnerables para salir de uno, mientras que los fotoeléctricos quizá no siempre den tiempo suficiente a esas mismas personas para escapar de un incendio con llama en los muebles (NIST, 2008, en inglés). El detector en el techo es una decisión que alguien tomó, y la decisión trae un número.
El casero. Cuando la casa es rentada, Texas dice quién toma la decisión. El casero, el arrendador en la ley, debe instalar por lo menos un detector de humo en cada recámara separada de la vivienda, uno en el pasillo que sirve a varias recámaras y uno en cada nivel (Código de Propiedad, sección 92.255, en inglés). El casero debe determinar que el detector de humo está en buen estado de funcionamiento al inicio de la posesión del inquilino probándolo, y durante el contrato tiene el deber de inspeccionarlo y repararlo, pero solo si el inquilino le avisa de una falla o le pide que lo inspeccione o lo repare; después de que el inquilino toma posesión, el casero no está obligado a poner pilas si el detector funcionaba el primer día (sección 92.258, en inglés). Un inquilino que le quita la pila sin reponerla, o que desconecta el detector, responde por eso (sección 92.2611, en inglés). Y la ley va más allá del contrato: un invitado o visitante del inquilino que sufra un daño por la falta del casero de instalar, inspeccionar o reparar un detector de humo como lo exige ese subcapítulo puede obtener una sentencia contra el casero por el daño, y contra un inquilino que lo haya desconectado (sección 92.2611, en inglés). Toda esa regla, y lo que cubre y lo que no, es El detector de humo. Los reportes no dicen de quién era ninguna de las dos casas, ni si alguien la rentaba.
Lo que pregunta el caso. Si había un detector, dónde estaba, de qué tipo era y si sonó, cosa que las fotos del investigador de incendios suelen contestar antes de que alguien piense en preguntarlo. De quién era la casa y quién vivía en ella, porque el deber de instalar y probar es del casero, y el deber de advertirle a una visita de un peligro que el anfitrión conocía es el que explica El invitado. Qué lo empezó, que es el trabajo de origen y causa del inspector de incendios, y si lo que lo empezó fue algo que alguien vendió: un calentador, un cargador, un cable, una batería, un contacto, las preguntas de un caso de producto defectuoso. Qué respiró la persona que sacaron cargando, porque la lesión por humo se mide tarde y no en la puerta, como explica El humo. Y qué queda. El detector que no sonó es el mejor testigo de la casa, y también el calentador y el cable, y los tres se van al contenedor con la tablaroca a menos que una carta pida que se conserven (Spoliation, en inglés). Papelito habla.
Aquí no se nombra a nadie, y nada en esta página decide lo que pasó en Blakeley Drive ni en el este de Texas. Un parte guarda el registro de lo que la ley pregunta cuando una casa se quema en lo que uno tarda en encontrar las llaves: de qué estaba hecho el cuarto, qué había en el techo y si funcionaba, quién tenía que asegurarse de que funcionara, y qué le hizo el humo a la gente que salió.
El Parte es la sección de noticias del Expediente Nocturno: lo que pasó en las carreteras y en las cortes de Texas, reportado desde medios y agencias creíbles, sin nombres y sin conclusiones sobre investigaciones abiertas, y conectado con las páginas que explican la ciencia y la ley. Información general, no asesoría legal.