La oración más importante del derecho de productos en Estados Unidos se escribió en un voto concurrente al que nadie tenía que sumarse, en un caso sobre una botella de refresco, por un juez que había llegado a la corte cuatro años antes sin ninguna experiencia judicial. Roger Traynor está aquí por esa oración, y por los dieciocho años que esperó para convertirla en ley.
Nació en Park City, Utah, en 1900, hijo de inmigrantes irlandeses, hijo de minero que creció en un pueblo minero y que por un tiempo trabajó de carretonero, acarreando provisiones detrás de un tiro fuerte de caballos o de mulas. Llegó a la Universidad de California en Berkeley en 1919 con quinientos dólares de ahorros, se tituló Phi Beta Kappa en 1923, dirigió la California Law Review, y en 1927 terminó a la vez el título de abogado y un doctorado en ciencia política. Entró de tiempo completo a la facultad de derecho en 1930, donde inauguró el primer curso regular de impuestos, y en los años treinta ayudó a la Legislatura a redactar buena parte del código fiscal moderno del estado; un antiguo alumno suyo, después profesor de derecho en Berkeley, lo llamó el autor principal de las leyes del impuesto a las ventas y al uso, y a él le tocó crear los mecanismos para cobrar ese impuesto recién aprobado. En 1940, aunque no tenía ninguna experiencia judicial, el gobernador Culbert Olson lo puso en la Corte Suprema de California. Estuvo ahí treinta años, como juez asociado hasta 1964 y luego, por nombramiento del gobernador Edmund G. Brown, como presidente de la corte hasta que se retiró en 1970, cuando volvió a dar clases, en Hastings, en Utah, en Virginia y en Cambridge. Escribió más de novecientas opiniones. Murió en 1983.
La botella de refresco. El 5 de julio de 1944 la corte decidió Escola v. Coca Cola Bottling Co. Una mesera de un restaurante había metido tres botellas al refrigerador y había movido la cuarta unas dieciocho pulgadas desde la caja cuando, en sus palabras, le explotó en la mano, y la botella se rompió en dos pedazos filosos y le abrió una cortada profunda de cinco pulgadas que cortó vasos sanguíneos, nervios y músculos del pulgar y de la palma. La corte la dejó ganar con la doctrina vieja, res ipsa loquitur, la cosa habla por sí misma, porque la embotelladora tenía el control exclusivo tanto del llenado como de la inspección de las botellas. Traynor estuvo de acuerdo con el resultado y luego escribió aparte. Dijo que concurría en la sentencia, pero que creía que la negligencia del fabricante ya no debía señalarse como la base del derecho del demandante a recuperar en casos como ese. Y luego la oración: “In my opinion it should now be recognized that a manufacturer incurs an absolute liability when an article that he has placed on the market, knowing that it is to be used without inspection, proves to have a defect that causes injury to human beings.” En mi opinión, ya debe reconocerse que un fabricante incurre en una responsabilidad absoluta cuando un artículo que puso en el mercado, sabiendo que se va a usar sin inspección, resulta tener un defecto que causa lesiones a seres humanos.
Lo que hace del voto un modelo no es la audacia de la regla. Es la cadena de razones que tiene debajo, cada eslabón una oración llana que un jurado puede seguir. Que conforme la producción en masa, con sus grandes mercados y sus medios de transporte, reemplazó a los oficios artesanales, la relación cercana entre quien produce y quien consume un producto cambió. Que el consumidor ya no tiene medios ni habilidad suficientes para investigar por sí mismo si un producto está bien hecho. Que el costo de una lesión y la pérdida de tiempo o de salud pueden ser una desgracia abrumadora para la persona lesionada, y una desgracia innecesaria, porque el riesgo de lesión lo puede asegurar el fabricante y repartirlo entre el público como un costo de hacer negocios. Y por eso, que el interés público exige que la responsabilidad se fije donde reduzca con más eficacia los peligros para la vida y la salud que traen los productos defectuosos que llegan al mercado. Lea esas cuatro oraciones en orden y tiene el argumento completo que el abogado de un lesionado hace en cada caso de productos, escrito en 1944, en una parte de la opinión que no obligaba a nadie.
La herramienta eléctrica. El 24 de enero de 1963, en Greenman v. Yuba Power Products, la corte fue unánime y Traynor escribió por ella. La esposa de un hombre le había comprado y regalado un Shopsmith en la Navidad de 1955, una herramienta eléctrica combinada que servía de sierra, de taladro y de torno para madera. En 1957 él compró los accesorios para usarla como torno y trabajar un pedazo grande de madera, y el pedazo salió disparado de la máquina y le pegó en la frente, con lesiones graves. Sus peritos declararon que se habían usado tornillos de fijación inadecuados para sujetar las piezas de la máquina. Dieciocho años y medio después de la botella, la oración regresó como la ley de California: “A manufacturer is strictly liable in tort when an article he places on the market, knowing that it is to be used without inspection for defects, proves to have a defect that causes injury to a human being.” Un fabricante es estrictamente responsable por vía extracontractual cuando un artículo que pone en el mercado, sabiendo que se va a usar sin inspeccionarlo en busca de defectos, resulta tener un defecto que lesiona a un ser humano. Y la razón vino con ella: el propósito de esa responsabilidad es asegurar que los costos de las lesiones que causan los productos defectuosos los carguen los fabricantes que ponen esos productos en el mercado, y no las personas lesionadas, que no tienen cómo protegerse. La responsabilidad, escribió, no se rige por el derecho de las garantías contractuales sino por el derecho de la responsabilidad estricta extracontractual. La corte no necesitó repasar las razones. Llevaban desde 1944 en los repertorios.
Luego la edición, que es la parte que un abogado en ejercicio puede copiar mañana. El homenaje de la propia corte, leído en la corte y asentado en los repertorios en diciembre de 1983, dice que sus opiniones podían, y todavía pueden, entenderse sin esfuerzo, y que nunca, ni en sus producciones más innovadoras, cayó en la tentación de escribir un artículo de revista jurídica disfrazado de sentencia. Un colega lo llamó un maestro artesano de las palabras, que las usaba como un cirujano hábil usa sus instrumentos, y recordó que editaba por reflejo cualquier escrito jurídico que le pusieran enfrente, hasta las listas del mandado de su esposa, según se decía, y que con paciencia tachó while en tres lugares y puso although en un borrador de opinión del propio colega. El juez Henry Friendly dijo que Roger Traynor fue el juez más capaz de su generación en Estados Unidos. Otro juez dijo que una opinión de Traynor siempre es moneda sólida, siempre hay que tomarla en cuenta. El propio Traynor puso el credo en una línea: “The law will never be built in a day, and with luck it will never be finished.” La ley nunca se va a construir en un día, y con suerte nunca va a estar terminada.
Por qué está aquí. Porque Texas tomó su idea y le escribió condiciones. Un reclamo por defecto de diseño en este estado exige probar un diseño alternativo más seguro y que el defecto fue una causa productora, y el carro, el protector del remolque y el gato de piso de Levantar, no sostener se miden con esa prueba, que Resistencia al choque explica; cada uno de esos casos empieza con la oración que Traynor escribió aparte en 1944. Porque Ross Guberman, cuyo Point Made es el libro sobre el que están construidas estas páginas, lo estudió en Point Taken junto con Cardozo (en inglés), Hand (en inglés) y Denning. Y por tres cosas que un abogado litigante puede llevarse de él. Escriba la oración para la que la corte todavía no está lista, en el único lugar donde quepa, y guárdela; la ley alcanza a la oración que tenía razón. Debajo de cada regla que pida, tienda la cadena de razones en orden, la producción en masa, el consumidor que no puede inspeccionar, el fabricante que sí puede asegurar, la responsabilidad fijada donde reduce el peligro, como Brandeis (en inglés) tendía los hechos; un juez adopta una cadena con más facilidad que una consigna. Y edite como cirujano. Tache while. Escriba although. El lector que lo entiende sin esfuerzo es el único lector que va a fallar a su favor.
Así que cuando la defensa diga que la herramienta estaba bien y que el hombre debajo fue descuidado, recuerde dónde empieza en realidad la pregunta. Empieza con un artículo puesto en el mercado para usarse sin inspección, y con la persona que no tenía cómo protegerse de lo que venía construido adentro. Eso fue cierto de una botella en 1944 y de un torno en 1963, y es cierto de un gato en una cochera de San Antonio.
Roger J. Traynor (1900, Park City, Utah, a 1983); Universidad de California, Berkeley, graduado en 1923, Phi Beta Kappa; título de abogado y doctorado en ciencia política, 1927, director de la California Law Review; profesor en Boalt Hall desde 1930; juez asociado de la Corte Suprema de California de 1940 a septiembre de 1964; presidente de la corte de septiembre de 1964 a febrero de 1970; presidente del Consejo Judicial de 1964 a 1970; el Código de Conducta Judicial de 1972 de la American Bar Association se basó en gran parte en el trabajo de un comité que él encabezó. Todas las fuentes en inglés. Las opiniones: Escola v. Coca Cola Bottling Co. of Fresno, 24 Cal.2d 453 (5 de julio de 1944), en el sitio de recursos de la Corte Suprema de California en la Facultad de Derecho de Stanford, y Greenman v. Yuba Power Products, Inc., 59 Cal.2d 57 (24 de enero de 1963), en Justia. Biografía: el perfil del presidente Traynor en el sitio de las cortes de California (Olson, 1940; Brown, 1964; el Consejo Judicial; el Código de Conducta Judicial); la nota biográfica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Virginia (Park City, inmigrantes irlandeses, 1919, 1927, 1930, el código fiscal, sin experiencia judicial, más de 900 decisiones); el registro de archivo de Virginia (1900 a 1983); In Memoriam, Roger J. Traynor, 39 Cal.3d (7 de diciembre de 1983), publicado por la Sociedad Histórica de la Corte Suprema de California (el carretonero, Phi Beta Kappa, la revista, las leyes del impuesto a las ventas y al uso, las clases tras el retiro, las novecientas opiniones, y las citas de los jueces Mosk y Burke, del juez Friendly, del juez Schaefer y del propio Traynor); la colección Traynor de UC Law San Francisco (sus opiniones); Steve Leben, Writing Like the Best Judges, Court Review (2015) (los jueces que estudia Point Taken). Información general, no asesoría legal.