Benito Juárez nació sin nada y llegó a lo más alto sin agachar la cabeza ante nadie. Por eso es maestro.
Nació en un pueblito de Oaxaca, indígena zapoteco, y quedó huérfano siendo un niño. De chico cuidaba borregos en el monte y ni siquiera hablaba español, hablaba su lengua. A los doce años caminó hasta la ciudad a buscar trabajo, entró a servir en una casa, y ahí alguien vio algo en él y lo ayudó a estudiar. Del monte a los libros. Del que cuidaba animales al que llegó a ser abogado.
Y no paró ahí. Ese niño zapoteco que empezó sin nada terminó siendo presidente de su país. Pero lo que lo hace grande no es el puesto. Es que nunca se le olvidó de dónde venía, y nunca usó el poder para pisar al de abajo. Al contrario. Creía que la ley estaba para proteger al humilde, no para servir al poderoso.
De él es una de las frases más grandes que se han dicho: "El respeto al derecho ajeno es la paz." Piénsalo. No dijo la fuerza, ni el dinero, ni quién grita más. El respeto al derecho del otro. Ahí está la paz, entre las personas y entre las naciones. Un hombre que salió de la nada entendió eso mejor que muchos que nacieron con todo.
Eso es lo que nos enseña. Que se puede venir de hasta abajo y aun así caminar derecho. Que la dignidad no se compra, se carga. Y que la ley, cuando se respeta de verdad, cuida más al que menos tiene. Por eso Juárez es de los nuestros, y por eso lo ponemos aquí, entre los que nos enseñan a pelear bien: con la cabeza en alto y con la razón de nuestro lado.
Benito Juárez (1806-1872), abogado, gobernador de Oaxaca y presidente de México; la frase citada es de dominio público. Esta página es una reflexión de carácter histórico y no constituye asesoría legal.