Un conductor inconsciente no puede ser descuidado. Esa es toda la defensa, y toda la pelea está en la palabra que va delante: una incapacidad repentina excusa un choque solo cuando no se pudo prever.
La incapacidad repentina. La negligencia es una falta de cuidado, y una persona que perdió el conocimiento no ejerce ninguno, ni para bien ni para mal. Así que cuando a un conductor lo derriba al volante un derrame, una convulsión, un infarto o un paro cardíaco, o un desmayo, y el carro va a donde lo manda el cuerpo, la ley de Texas no llama a eso negligencia. Una corte de apelaciones de Houston enunció la regla en un caso en el que un hombre que jalaba una casa rodante sufrió un derrame y su camioneta o su casa rodante le pegó por lo menos a seis vehículos: una pérdida del conocimiento imprevisible es una defensa completa contra el reclamo de que un conductor causó por negligencia un accidente de tránsito (Gomez v. Cooke, en inglés), citando para ese punto una decisión de Houston de 1965. La sentencia sumaria resolvió por igual el reclamo de negligencia y el de negligencia per se. El desmayo es el parte que puso esta entrada en el Expediente.
Qué clase de cosa es. La defensa viaja con un nombre más viejo, accidente inevitable, que Texas define como un evento cuya causa próxima no fue la negligencia de ninguna de las partes (Reinhart v. Young, en inglés). No es una pregunta aparte para el jurado. Como la emergencia repentina, es una refutación por inferencia, una defensa que opera refutando un elemento esencial del caso del demandante mediante la prueba de otros hechos (Dillard v. Texas Electric Cooperative, en inglés), y las preguntas de refutación por inferencia no se someten al jurado como preguntas (Regla 277 de Procedimiento Civil de Texas, en inglés). Llega al jurado como una instrucción junto a la única pregunta que importa, la negligencia de quién causó el choque, y su propósito es advertirles a los jurados, en el caso apropiado, que no tienen que culpar a una de las partes si la evidencia muestra que condiciones fuera del control de esa parte causaron el accidente (Dillard, en inglés). La Corte Suprema ha señalado que la instrucción se usa sobre todo para una condición física, como la niebla, la nieve, la aguanieve, el pavimento mojado o resbaloso o la vista obstruida, o para un niño muy pequeño que no puede ser negligente (Reinhart, en inglés). En el caso del derrame en Houston nada de eso se alcanzó, porque el conductor probó lo imprevisible de manera tan completa que el tribunal dictó sentencia sumaria y la corte de apelaciones la confirmó. Esa es la forma de la defensa en su punto más fuerte: no un argumento para el jurado, sino un registro para el que no hace falta jurado.
La palabra que carga con todo el peso. Todo depende de la palabra imprevisible. El conductor de ese caso llevaba por lo menos diez años con presión alta, un factor de riesgo conocido de derrame, y no importó. Su médico lo había revisado once días antes del choque, encontró la condición sin cambios, calificó su riesgo de derrame como mínimo, y ni le dijo que hubiera riesgo de derrame ni previó que fuera a sufrir uno y quedar incapacitado al volante. Lejos de aconsejarle que no viajara, el médico le pidió que trajera fotos. El demandante alegó que el conductor nunca había investigado su propia condición, y la corte sostuvo que esa evidencia era irrelevante: el conductor es una persona común, determinar el efecto y el curso previsible de una condición médica es cosa de expertos, no tenía el deber de investigar por su cuenta una condición médica, y no se le exige saber más que un experto ni prever lo que su propio médico no pudo prever (Gomez, en inglés). La regla, entonces, es sobre el aviso. Un episodio anterior. Un diagnóstico de una condición que se sabe que causa la pérdida del conocimiento. Un medicamento que trae esa advertencia en la etiqueta. Un médico que dijo que no manejara, o que debió decirlo. Sentirse mal antes de arrancar. Cualquiera de esas cosas puede ser el aviso, y al conductor que tuvo aviso y manejó de todos modos no lo fulminó un rayo caído de un cielo despejado; un jurado puede hallar que el colapso era previsible y que el accidente no era inevitable, y entonces el caso sigue en pie, con la parte del conductor fijada como describe Comparative Fault (en inglés). Foreseeable (en inglés) es la altura desde la que se hace esa pregunta: no si este derrame en este camino era predecible, sino si una persona razonable con este historial habría visto venir esa clase de daño.
La línea del propio estado. Texas ya decide, para las licencias, quién es capaz de manejar. El Departamento de Seguridad Pública debe revocar la licencia de una persona si determina que es incapaz de operar un vehículo con seguridad, o que no entregó sus registros médicos o no se sometió a los exámenes médicos o de otro tipo que le exigió un panel de la junta médica consultiva (Código de Transporte, sección 521.294, en inglés). Esa junta de médicos y optometristas existe para ayudar al departamento a determinar si un solicitante de licencia o un titular es capaz de operar un vehículo con seguridad (Código de Salud y Seguridad, sección 12.092, en inglés), y un médico de Texas puede informar al departamento de un paciente diagnosticado con un trastorno que las reglas del departamento enumeran, una excepción que la propia ley hace al secreto médico (sección 12.096, en inglés). Para un conductor comercial la línea es federal y está escrita: nadie puede operar un vehículo comercial sin estar certificado médicamente, y un conductor con historial médico establecido o diagnóstico clínico de epilepsia, o de cualquier otra condición que probablemente cause la pérdida del conocimiento o de la capacidad de controlar el vehículo, no está físicamente calificado (49 CFR 391.41, en inglés). Un camionero con ese historial al que certificaron de todos modos, o una empresa que lo mantuvo en el camino, no es el conductor del caso de Houston; el aviso estaba en el expediente, que es el argumento que hace Logbook (en inglés) sobre cada registro que guarda una empresa de transporte, y la razón por la que Negligent Entrustment (en inglés) alcanza a quien entregó las llaves.
Dormido no es incapacitado. La defensa es para el conductor que no tuvo aviso, y el sueño avisa. La somnolencia se anuncia antes de cerrarle los ojos a un conductor, y una condición que se anuncia es previsible por los propios términos de la regla, así que el conductor que cabeceó no es un conductor que quedó incapacitado; es un conductor que siguió. Las tablas de choques del estado mantienen las dos cosas aparte. En 2023 los oficiales de Texas marcaron 8,473 unidades, cada vehículo o peatón de un choque, con el factor impreso como FATIGUED OR ASLEEP, fatigado o dormido, 103 de ellas en choques mortales, y 3,762 unidades con el factor impreso como ILL (EXPLAIN IN NARRATIVE), enfermo, explicar en la narrativa, 65 de ellas en choques mortales (TxDOT, en inglés). El primer código es un hallazgo sobre una decisión. El segundo es una pregunta que la narrativa debe responder, y la respuesta decide el caso.
Cómo se prueba. Como muchas veces el conductor no puede decir qué pasó, y a veces no sobrevive para decirlo, la prueba está en el registro y no en el relato. El historial médico y las recetas, que dicen lo que el conductor sabía. El expediente de la licencia y, para un conductor comercial, el certificado médico y el expediente de calificación de la empresa. La autopsia o el examen de la sala de emergencias, que dice si el derrame o el evento cardíaco vino antes del impacto o fue causado por él, y que La indagatoria explica cómo conseguir. El testigo del asiento de al lado: en el caso de Houston fue la esposa, que lo encontró sin responder, con las manos en el regazo, y trató de quitarle el pie del acelerador. Y la grabadora del propio carro: la norma federal exige que la caja negra, cuando el vehículo la trae, guarde la velocidad indicada del vehículo y si el freno de servicio estaba pisado o no en los segundos antes del evento (49 CFR 563.7, en inglés). Un conductor que frenó y maniobró estaba despierto, con el segundo y medio que describe The Reaction (en inglés). Un carro que siguió a velocidad, sin freno y sin corrección, es consistente con un conductor que ya se había ido. El módulo se puede sobrescribir y el carro se puede prensar, por eso Spoliation (en inglés) manda la carta la primera semana, como dice Papelito habla, y la velocidad que guarda es el número del que se lee Delta-V (en inglés).
Quién paga cuando nadie tuvo la culpa. Si el colapso fue imprevisible, nadie fue negligente, y el reclamo contra el conductor y su aseguradora de responsabilidad termina. La cobertura contra el conductor sin seguro o con seguro insuficiente termina con él, porque protege a los asegurados que tienen derecho legal a cobrarles a los dueños u operadores de vehículos sin seguro o con seguro insuficiente (Código de Seguros, sección 1952.101, en inglés), y nadie tiene derecho legal a cobrar por un accidente inevitable; la página del conductor sin seguro explica esa cobertura. La protección por lesiones personales no pregunta: cuando la póliza la trae, los beneficios se pagan sin importar la culpa o la falta de culpa del asegurado o del beneficiario al causar o contribuir al choque (sección 1952.155, en inglés), y cubren los gastos médicos, de hospital y de funeral necesarios y el ingreso perdido dentro de los tres años del accidente, para el asegurado, las personas de su hogar y sus pasajeros (sección 1952.151, en inglés). Muchas veces es la única cobertura que queda, y se reclama en la póliza del carro en que iba la persona, o en la suya propia.
Dónde se detiene. La defensa es completa, pero es angosta. Le pertenece al conductor cuyo colapso nadie pudo prever, y a nadie más: no al conductor al que ya le habían avisado, no al que lo sintió venir y siguió manejando, no a la empresa que certificó a un conductor al que su propio expediente descalificaba, no al dueño que le prestó el carro a un conductor que se sabía que se desmayaba. Para cada uno de ellos la pregunta es la de siempre, y el evento médico no es el final del caso. Es el principio de la prueba.
La incapacidad repentina no es una doctrina sobre el cuerpo. Es una doctrina sobre el aviso: si el conductor tuvo alguno, y qué hizo con él.
La regla (en inglés): Gomez v. Cooke, No. 14-15-00010-CV (Tex. App. Houston [14th Dist.], 3 de marzo de 2016) (mem. op.) (la pérdida del conocimiento imprevisible como defensa completa, citando First City National Bank of Houston v. Japhet, 390 S.W.2d 70, 75 (Tex. Civ. App. Houston 1965, writ dism’d); la definición de accidente inevitable de Reinhart; la fórmula de Otis Elevator; diez años de presión alta, la evaluación de riesgo mínimo del médico once días antes del choque, sin deber de investigar; sentencia sumaria confirmada). La instrucción (en inglés): Reinhart v. Young, 906 S.W.2d 471 (Tex. 1995), Dillard v. Texas Electric Cooperative, 157 S.W.3d 429 (Tex. 2005) y Regla 277 de Procedimiento Civil de Texas. Licencias (en inglés): Código de Transporte de Texas, sec. 521.294, Código de Salud y Seguridad, sec. 12.092 y sec. 12.096; 49 CFR 391.41 (certificación médica y estándares de calificación física, incluido el inciso (b)(8)). La cuenta (en inglés): TxDOT, Crashes by Unit Contributing Factor, 2023 Statewide Crashes (unidades reportadas con el factor, no choques; FATIGUED OR ASLEEP, 8,473 unidades, 103 en choques mortales; ILL (EXPLAIN IN NARRATIVE), 3,762 unidades, 65 en choques mortales). La caja negra (en inglés): 49 CFR 563.7 (tabla I: velocidad indicada del vehículo; freno de servicio, pisado o no). Coberturas (en inglés): Código de Seguros de Texas, sec. 1952.101, sec. 1952.151 y sec. 1952.155. Información general, no asesoría legal.