En Texas, la temporada de venado empieza en lo alto. La temporada de arco abre el 3 de octubre este año y la general el 7 de noviembre, y muchísimos cazadores la van a pasar a doce o quince pies del suelo: en un puesto amarrado a un árbol, en una escalera, en un trípode o en una torre con su casita arriba. En los estudios de trauma, lo más peligroso que hace un cazador en toda la temporada no es disparar. Es subir.
La cuenta. En dos centros de trauma de Ohio, la mitad de las lesiones con que llegaron los cazadores fueron caídas y el 29 por ciento fueron heridas de bala, y el 92 por ciento de las caídas fueron desde puestos en árboles. El título del estudio lo dice claro: los puestos en los árboles, no las armas, son el arma más peligrosa del cazador del medio oeste de Estados Unidos. Texas cuenta las caídas aparte. En 2024, el reporte estatal de accidentes de cacería contó seis caídas desde lugares elevados, torres y puestos, y los ejemplos del reporte de 2025 parecen una lista de revisión: una correa que se rompió en un puesto de escalera, un cazador que no traía arnés para subir.
La caída. La física es la misma de El arnés. En los estudios médicos, la caída típica desde un puesto es de doce a quince pies, y una caída de quince pies llega al suelo a unas veintiún millas por hora. Lo que decide la lesión es el alto. La desaceleración promedio, contada en veces la gravedad, es la altura de la caída dividida entre la distancia en que el cuerpo se detiene. Quince pies de caída que se detienen en cuatro pulgadas de tierra dura dan un promedio de unas cuarenta y cinco veces la gravedad, con picos todavía más altos.
El cuerpo. El suelo cobra ese alto a través del esqueleto, casi siempre a lo largo. En el estudio de Ohio, el 59 por ciento de los que se cayeron tuvieron fracturas de columna, el 47 por ciento fracturas de las extremidades inferiores, el 18 por ciento de las extremidades superiores y el 18 por ciento lesiones cerradas en la cabeza; el 81 por ciento de las lesiones por caída necesitaron cirugía, y el 8.2 por ciento de los que se cayeron quedaron con daño neurológico permanente. En una serie de Iowa, la caída mediana fue de quince pies y el 57 por ciento de los pacientes se fracturó la columna. Si caes de pie, la carga sube por el talón hasta la columna, y por eso, como dice El arnés, cuando el talón se rompe en una caída hay que revisar toda la columna.
El arnés. El curso de educación para cazadores de Texas dice que el arnés de seguridad se debe usar siempre para subir y bajar del puesto, y traerlo puesto todo el tiempo que estés arriba, y que el rifle o el arco, descargados, se suben y se bajan con una cuerda, no se cargan al subir. El arnés cambia un alto contra el suelo por un alto en las correas. Pero trae otro peligro: quedarte colgado sin moverte. Las autoridades federales de seguridad advierten que quedar suspendido en un arnés puede causar la pérdida del conocimiento y luego la muerte en menos de 30 minutos. Un arnés es un plan que incluye cómo bajar.
Quién responde. Depende de por qué falló el puesto y de quién es la tierra. Cuando se rompe una correa, se raja una soldadura o se dobla una escalera, la pregunta pasa al producto: quién lo diseñó, quién lo vendió y qué decían las advertencias. Cuando es la tierra, Texas tiene una ley hecha para esto. La ley de uso recreativo, el Capítulo 75 del Código de Prácticas y Remedios Civiles, pone la cacería en primer lugar entre las actividades que cubre. En tierra agrícola, el dueño, el arrendatario o el ocupante que da permiso o invita a alguien a cazar no garantiza, por ese permiso, que el lugar sea seguro para eso, y no le debe más cuidado que el que se le debe a un intruso.
La ley tiene una orilla. No limita la responsabilidad del dueño que actuó con negligencia grave, con intención maliciosa o de mala fe, y Sabiendo bien explica lo que eso requiere. También tiene una prueba de dinero. Para un dueño particular, el capítulo solo aplica si no cobra por entrar, si lo que cobró por recreación en un año no pasa de veinte veces los impuestos a la propiedad de esa tierra, o si tiene el seguro de responsabilidad en las cantidades que fija la ley. Si un arrendamiento de cacería cuenta contra ese límite depende del contrato y de los números, así que el contrato, el recibo de impuestos y la póliza tienen que estar en el expediente desde temprano. Cuando la tierra es un rancho, la página de lesiones en el rancho explica quién más puede responder.
Cuando la lesión viene del disparo de otro cazador, es un caso normal de negligencia contra el que disparó. En 2025, Texas registró 26 incidentes de cacería con un arma de fuego o un arco, y 7 fueron autoinfligidos.
A la gravedad no le importa de quién es la tierra. A la ley sí, y aquí pone la raya en la negligencia grave: el dueño que sabía de verdad de un riesgo extremo y siguió adelante. Todo escudo de la ley tiene una orilla, lo mismo que dice Soberanía sobre el de una tribu. El arnés compra la distancia del alto. El expediente encuentra la orilla.
Las fechas: Texas Parks and Wildlife Department, 2026-2027 Hunting Season Dates (en inglés). La cuenta: reportes de accidentes de cacería de TPWD, 2024 y 2025; Crockett y otros, Tree Stands, Not Guns, are the Midwestern Hunter’s Most Dangerous Weapon, The American Surgeon (2010). Alturas y fracturas: Garrett y otros, Common Injuries Associated with Falls from Tree Stands in Iowa (2020); VanWormer y otros, Injury (2016). El arnés: TPWD, curso de educación para cazadores. Quedar colgado: OSHA, Safety and Health Information Bulletin 03-24-2004. La ley: Código de Prácticas y Remedios Civiles de Texas, secciones 75.001, 75.002 y 75.003. Información general, no asesoría legal.