Read this piece in English →

El gas natural no tiene olor propio. El olor que todos conocen, el que la gente describe como a huevo podrido, se lo agregan a propósito para que una fuga se anuncie mucho antes de que pueda explotar. Cuando una casa o un edificio explota, la primera pregunta no es qué lo prendió. Es si el aviso funcionó.

Si huele a gas. Primero lo primero. La agencia federal de seguridad de los gasoductos lo pone en orden: salga del lugar a pie de inmediato y no trate de encontrar la fuga; no use el teléfono ni el celular, ni nada que pueda sacar una chispa; y luego llame al 911 desde un lugar seguro y avísele a la compañía de gas (PHMSA, en inglés). La hoja informativa de la Comisión de Ferrocarriles de Texas (la Railroad Commission, la agencia que vigila el gas en el estado) agrega: no prenda luces ni aparatos, y use el teléfono de un vecino (Railroad Commission of Texas, en inglés).

La regla. El gas natural no tiene color, olor ni sabor, y las compañías de gas le agregan un compuesto de azufre llamado mercaptano para que la gente pueda notar una fuga (EIA, en inglés). La ley federal de seguridad de los gasoductos exige el olor. El gas en una línea de distribución tiene que tener un olor natural o que se lo agreguen, de modo que, cuando esté en el aire a una quinta parte del límite inferior de explosión, una persona con el olfato normal lo pueda detectar fácilmente (49 CFR 192.625, en inglés). Los números detrás de esa frase son lo importante. El metano, que es casi todo el gas natural, solo arde en el aire dentro de una franja angosta, de más o menos el 5 por ciento del aire hasta el 16; abajo, la mezcla está muy pobre para prender, y arriba, muy rica. Investigadores del instituto federal de seguridad en el trabajo midieron los límites en 5.0 y 15.7 por ciento. Una quinta parte del límite inferior es más o menos el 1 por ciento. La regla quiere que el aviso llegue a una quinta parte del peligro. La compañía además tiene que comprobarlo: debe tomar muestras de su gas de manera periódica con un instrumento que mida a qué concentración se nota el olor. En Texas, las reglas de la Comisión de Ferrocarriles exigen que los gasoductos y sistemas de distribución dentro del estado sigan esas normas federales (16 Texas Administrative Code, sección 8.1, en inglés).

Cuando el aviso falla. El olor se puede perder. La compañía de gas de Houston les advierte a sus propios clientes que el odorante se puede perder por adsorción, absorción y oxidación, y que la tubería nueva, el óxido, la humedad, las condiciones del suelo alrededor de una fuga subterránea y el poco o ningún flujo por mucho tiempo lo pueden reducir. Su consejo es directo: no confíe solo en su olfato (CenterPoint Energy, en inglés). La regla está escrita para una persona con el olfato normal, y no todas las personas lo tienen. Así que cuando una fuga pasa sin que nadie la note, las preguntas son concretas. ¿El gas tenía el olor? ¿Lo mostraban las propias lecturas de la compañía? ¿Alguien ya había reportado el olor antes?

De quién es cada tubo. El deber no se queda solo con la compañía, y no todo es de ella. Una compañía de gas que no mantiene la tubería enterrada del cliente después del medidor tiene que avisarle por escrito: que no la mantiene, que la tubería enterrada sin mantenimiento puede corroerse y tener fugas, y que se debe revisar de manera periódica (49 CFR 192.16, en inglés). Después de esa línea, las preguntas pasan al dueño de la propiedad (responsabilidad de propietarios); al plomero o contratista que instaló o arregló la línea o el aparato; y al fabricante de un aparato, una válvula o un conector que falló, que es un caso de productos defectuosos. Texas reparte la responsabilidad entre todos (Código de Práctica Civil y Recursos, sección 33.003, en inglés).

Lo que le hace al cuerpo. Una explosión de gas lastima por capas: quemaduras en la piel y en las vías respiratorias (quemaduras graves); lesiones de la onda de la explosión en los pulmones y los oídos, que es lo que explica Fertilizer (en inglés); y el aplastamiento cuando un edificio se viene abajo sobre la gente de adentro.

La prueba. El medidor, el regulador, la línea de servicio, la tubería de la casa, el aparato y su conector son prueba física. Las lecturas de odorante y los registros de fugas de la compañía son prueba en papel, y papelito habla. Hay que preservar las dos cosas antes de que algo se arregle, se cambie o se lo lleven.

El olor es el aviso que exige la ley. Cuando un edificio explota, el caso es sobre quién tenía que mantener ese aviso funcionando, y de quién era el tubo que falló.

La ley (en inglés): 49 CFR 192.625 (el olor del gas); 49 CFR 192.16 (aviso al cliente); 16 Tex. Admin. Code, sec. 8.1 (Texas aplica las normas federales de seguridad de gasoductos); Código de Práctica Civil y Recursos, sec. 33.003. La ciencia (en inglés): U.S. Energy Information Administration, Natural gas explained (sin color, olor ni sabor; se le agrega mercaptano; casi todo es metano); Cashdollar, Zlochower, Green, Thomas y Hertzberg, Flammability of Methane, Propane, and Hydrogen Gases (NIOSH, 1998) (metano: 5.0 y 15.7 por ciento). Los avisos (en inglés): CenterPoint Energy, Information on Natural Gas Odorant; PHMSA, Pipeline Leak Recognition and What to Do; Railroad Commission of Texas, Gas Leaks. Información general, no asesoría legal.