Lo que se ve impresionante no siempre vale lo que aparenta. Hay que mirar el fondo, no el brillo.
No todo lo que brilla es oro. El anuncio más grande no es el abogado más grande, y el cheque más rápido no es el mejor cheque.
Brilla el espectacular en la autopista. Brilla el comercial con música. Brillan las medallas y las listas de mejores abogados que, si uno se fija, se compran por suscripción. Nada de eso es prueba de nada. Es publicidad, y la publicidad dice lo que paga quien la pone. Un despacho puede tener cien anuncios y ninguna sala de juicio en su calendario.
El oro no brilla tanto. Pesa. Pesa alguien que lee tu expediente completo, no el resumen. Pesa que te conteste la misma persona que va a llevar tu caso. Pesa que sepa la ciencia de tu lesión y la ley de tu reclamo, y que esté dispuesto a ir a juicio si la oferta no alcanza, porque la aseguradora también sabe quién va y quién no.
Tienes derecho a preguntar antes de firmar con nadie. ¿Quién va a llevar mi caso, tú o alguien que todavía no conozco? ¿Cuántos casos como el mío has llevado a juicio? ¿Qué pasa si no aceptan la oferta? Las respuestas no brillan. Pero se pueden pesar.
Lo que brilla se ve de lejos. Lo que pesa se siente de cerca.
Este dicho es una reflexión general; no describe ni promete el resultado de ningún caso. Cada caso depende de sus propios hechos y de sus propios plazos. Información general, no asesoría legal.