Nadie hace nada sin buscar su propio beneficio. Detrás de cada favor hay un interés, aunque no se vea.
Nadie da paso sin huarache. Y una empresa, menos. No es maldad. Es su naturaleza.
Una compañía no es una persona. Es una forma que la ley permite para hacer negocio y ganar dinero, y está bien que así sea. Pero no tiene corazón que se le ablande ni conciencia que no la deje dormir. Tiene gerentes que cuidan números, abogados que cuidan riesgos y un seguro que cuida lo que paga. Cuando alguien te dice aquí somos familia, a lo mejor lo dice de corazón. La compañía no tiene corazón con qué decirlo.
Por eso cada paso que da la empresa después de que te lastimas trae su huarache puesto. La clínica a la que te llevan. La llamada del ajustador tan amable. El papel que te ponen enfrente para que lo firmes rápido. El no metas reclamo, nosotros te cubrimos. Todo eso puede venir con buena cara, y todo eso cuida primero a la empresa.
Tú también ponte tus huaraches. Avisa por escrito que te lastimaste, dentro de los treinta días. Escoge tú a tu doctor. Si te quieren correr por reclamar la compensación de buena fe, la ley lo prohíbe. Y no firmes nada que no entiendas, menos una renuncia a tu derecho de demandar: si tu patrón no tiene seguro de compensación, la que se firma antes de lastimarte no vale nada, y la de después solo cuenta si cumple requisitos estrictos.
La empresa cuida su paso. Tú cuida el tuyo.
Este dicho es una reflexión general; no describe ni promete el resultado de ningún caso. Cada caso depende de sus propios hechos y de sus propios plazos. Información general, no asesoría legal.