Prometer es fácil y cumplir es otra cosa. Entre lo que alguien dice que va a hacer y lo que de verdad hace hay un camino largo.
Del dicho al hecho hay mucho trecho. Lo que te prometen por teléfono y lo que llega por escrito casi nunca miden lo mismo.
El trecho tiene voces conocidas. El ajustador que dice no te preocupes, nosotros nos encargamos de todo. El patrón que dice yo te cubro los gastos, no metas reclamo. El del taller que dice el seguro ya aprobó. Todos suenan sinceros, y algunos hasta lo son en el momento. Pero una promesa dicha vive en la memoria de quien la dijo, y la memoria cambia cuando cambia la conveniencia.
El trecho se mide en papel. Cuando alguien te prometa algo que importa, pide que te lo mande por escrito. Un correo basta. Un mensaje de texto basta. Si no lo quieren escribir, ya te dijeron todo: no lo prometieron. Y guarda lo que sí te escriban, porque lo escrito no se cansa, no se confunde y no cambia de opinión.
Esto aplica también con los abogados. Ningún abogado honesto puede prometerte un resultado, porque el resultado depende de hechos, de pruebas y de un jurado que nadie controla. El que te promete un número antes de leer tu expediente está diciendo, no haciendo. Lo que sí se puede prometer es trabajo: leer todo, preguntar todo, y pelear si hay que pelear. Eso se cumple todos los días, y se nota.
El trecho se acorta con papel.
Este dicho es una reflexión general; no describe ni promete el resultado de ningún caso. Cada caso depende de sus propios hechos y de sus propios plazos. Información general, no asesoría legal.