Mija, guárdalo todo. No para pelear. Para protegerte. Hay una diferencia enorme entre esas dos cosas, y quiero que la entiendas desde joven.

Cuando algo se pone feo, con una pareja, con un jefe, con quien sea, mucha gente guarda un pedacito: la captura de una sola frase, la que más duele. No hagas eso. Guarda la conversación completa, de principio a fin, con sus fechas y sus horas, sin cortar nada. Un pedazo suelto se puede voltear en tu contra; van a decir que lo sacaste de contexto. La conversación entera, tal como pasó, no miente y no se deja torcer.

Guardar todo no es ser tramposa. Es lo contrario. El que recorta y escoge está armando un cuento. El que guarda todo está guardando la verdad, aunque una parte no lo favorezca. Y la verdad completa, mija, es la cosa más fuerte que vas a poder poner sobre una mesa.

Puedes perdonar. Perdonar es gratis, y muchas veces es lo correcto. Pero perdonar no es borrar. Borrar los mensajes, tirar las pruebas para "pasar la página", puede salir carísimo si un día ese asunto regresa y ya no tienes con qué defenderte. Perdona en tu corazón si así lo decides. Pero no borres. Guarda callada, guarda tranquila, y sigue con tu vida.

Y óyeme bien: no lo guardas para pelear. Ojalá nunca lo necesites. Lo guardas para protegerte, como quien tiene un extintor en la casa y reza por no usarlo jamás. La mujer preparada no anda buscando pleito. Anda tranquila, porque sabe que si el pleito la busca a ella, no la va a encontrar con las manos vacías.

Esta página comparte una reflexión personal y no constituye asesoría legal. Cada situación es distinta; consulte la suya directamente. Se atiende en español. Teléfono: (713) 239-2300.