Cuentas claras, amistades largas. El dicho es de negocios entre amigos, pero aplica igual con la aseguradora, con el patrón y con el abogado.

Los pleitos más amargos que he visto no empezaron con una mentira. Empezaron con un no te preocupes que nadie puso por escrito. El ajustador que dijo por teléfono que iban a cubrir todo. El patrón que prometió que le iban a pagar los días que faltó. El conocido que le dijo que su primo abogado se iba a encargar. Nadie lo anotó, nadie lo firmó, y cuando llegó la hora de cobrar, todos recordaban otra cosa.

Cuentas claras quiere decir esto: cada promesa, cada número, cada fecha, en un papel con nombre y fecha. Un correo electrónico cuenta. Un mensaje de texto cuenta. Lo que no cuenta es la palabra al aire.

Y aplica también con su abogado. Un buen abogado le da un contrato que explica cómo cobra, qué porcentaje, qué gastos, y qué pasa si no se gana. Si alguien le pide que confíe sin papel, ahí tiene su respuesta.

La amistad larga es la parte bonita del dicho, y es cierta. Las relaciones que duran son las que no dejan nada a la memoria. En un caso, la claridad al principio es lo que evita el pleito al final.

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