Dime con quién andas y te diré quién eres. El dicho es viejo, y en la ley resulta más cierto de lo que uno quisiera.
La gente que te rodea habla por ti antes de que abras la boca. Tus amistades, con quién pasas el tiempo, en qué andas y con quién: todo eso cuenta una historia sobre ti, justa o no. Y cuando llega un problema, esa historia llega antes que tú.
En un caso, el otro lado va a mirar tus compañías. No porque sean asunto suyo, sino porque saben que a un jurado le pesan. Si andas con quien no debes, te van a pintar del mismo color, aunque tú no hayas hecho nada. Así de injusto, y así de real.
No te digo que juzgues a la gente por fuera, ni que le des la espalda al que de verdad te quiere. Te digo que sepas dónde te paras y con quién. Al que te suma, súmalo. Al que solo te mete en líos y luego desaparece cuando llega la cuenta, ese no es amigo, es un riesgo con cara de amigo.
El movimiento: cuida tus compañías como cuidas tu nombre, porque son la misma cosa. Un buen nombre se junta gota a gota y se derrama de un solo golpe, muchas veces por culpa de con quién te vieron parado. Anda con los que te levantan.
Este dicho es una reflexión y no constituye asesoría legal. Cada caso depende de sus propios hechos. Se atiende en español. Teléfono: (713) 239-2300.