El dicho original enseña a agradecer lo regalado sin revisarlo. La versión de esta página le da la vuelta: el primer cheque de la aseguradora no es un regalo, es una compra, y a lo que se compra sí se le mira el diente.
A caballo regalado no se le mira el diente, dice el dicho. Pero el cheque que te ofrecen a la semana del choque no es regalo. Es una compra. Y a lo que compras sí se le mira el diente.
Lo que compra ese cheque se llama liberación. Es un papel donde tú declaras que, a cambio de esa cantidad, renuncias a todo reclamo contra el asegurado, por siempre, incluidas las lesiones que todavía no sabes que tienes. Firmado eso, no hay segunda vuelta. El dolor de cuello que apareció a los tres meses, la cirugía que el doctor sugirió al año, ya no existen para la aseguradora. Ya pagaron.
A un caballo se le miran los dientes para saber su edad. A una oferta se le miran otras cosas. ¿Ya terminó el doctor contigo, o apenas empezó? ¿Sabes si vas a necesitar terapia, o una operación? ¿Contaron los días que no pudiste trabajar? ¿Te hicieron la oferta antes de pedir un solo expediente médico? Si la respuesta es no, la oferta no es un cálculo de tu caso. Es un cálculo de lo que creen que vas a aceptar.
Nada de esto quiere decir que toda oferta sea mala. Quiere decir que una oferta buena sigue siendo buena la semana que entra, después de mirarla bien, y una mala solo funciona si la aceptas hoy.
Si es buena, aguanta que le mires el diente.
Este dicho es una reflexión general; no describe ni promete el resultado de ningún caso. Cada caso depende de sus propios hechos y de sus propios plazos. Información general, no asesoría legal.