Con el doctor no te hagas el fuerte. Ahí no se trata de aguantar. Se trata de decir la verdad de lo que te duele.
A muchos nos criaron para aguantar. No te quejes, échale ganas, el dolor se aguanta. En la vida, a veces. En el consultorio del doctor, nunca. Ahí, hacerte el fuerte no te ayuda, te perjudica, a tu salud y a tu caso.
Óyeme por qué. El doctor no adivina lo que sientes. Escribe lo que tú le dices. Si te duele el cuello, la espalda y la cabeza, pero por orgullo solo mencionas el brazo, en el papel va a quedar que solo te dolía el brazo. Y ese papel es el que después habla por ti. Lo que no dijiste, para la ley, es casi como si no hubiera pasado.
No es exagerar. Es no esconder. Di todo lo que sientes, aunque te parezca poco, aunque te dé pena, aunque creas que se va a quitar solo. El mareo, el hormigueo, las noches sin dormir, el ánimo por el suelo. Todo eso es real y todo eso cuenta. El que aguanta callado no se ve más fuerte, se queda sin la prueba de lo que le hicieron.
Y ve pronto, y regresa si el dolor sigue. El hueco entre el golpe y la primera visita, y los huecos entre una cita y otra, el otro lado los usa para decir que no estabas tan mal. No les des ese hueco.
El movimiento es simple: con quien quieras hazte el fuerte, pero con tu doctor, nunca. Ahí se dice todo, claro y completo. Tu salud lo necesita, y tu caso también.
Esta página comparte una reflexión sobre el oficio y no constituye asesoría legal ni médica. Cada caso depende de sus propios hechos; consulte el suyo directamente. Se atiende en español. Teléfono: (713) 239-2300.