Nadie que dependa por completo de otro es del todo libre. Esa es una verdad vieja, y no la escribo para asustar a nadie, sino para que se aprenda temprano.
Ten lo tuyo, mija. Tu propio dinerito guardado, aunque empiece con poco. Tu nombre en algo que sea tuyo. Una manera de sostenerte sola si un día el piso se mueve. No es desconfiar de nadie. Es tener piso firme debajo de los pies. La que tiene lo suyo decide desde la fuerza, no desde la necesidad.
Guarda callada y guarda constante. No tiene que ser mucho. Tiene que ser tuyo, y tiene que estar siempre. Un poquito cada vez, sin falla, va levantando con el tiempo una pared entre tú y el miedo. El día que te toque una decisión difícil, esa pared es la que te deja decidir con la cabeza y no con el estómago.
Y óyeme bien, porque aquí está el corazón del asunto: tener lo tuyo no es andar sola ni cerrarle la puerta a nadie. Es lo contrario. La que llega completa, con lo suyo, ama mejor, porque ama por gusto y no por necesidad. Lo que se da libre vale más, y solo da libre quien no está atrapado.
Que nunca te tengan agarrada por la única cosa que no supiste apartar para ti. Ten lo tuyo, y anda segura por la vida.
Esta página comparte una reflexión personal y no constituye asesoría legal. Cada situación es distinta; consulte la suya directamente. Se atiende en español. Teléfono: (713) 239-2300.