Mija, se puede tener el corazón suave y la mente firme al mismo tiempo. No son cosas contrarias. Son las dos manos de la misma mujer fuerte.
Hay gente que te va a querer hacer creer que para que no te vean la cara tienes que volverte dura, fría, mala. Mentira. Y hay otra gente que te va a decir que ser buena es dejar que te pasen por encima. También mentira. La verdad está en el centro, y es más difícil de sostener: buena con la gente, pero firme con tus límites.
Tu bondad no es una puerta abierta para que entre cualquiera a hacer lo que quiera. Puedes escuchar a alguien con todo el cariño del mundo y aun así decirle no. Puedes perdonar y aun así no volver a poner la mano en el fuego. El corazón suave es para dar. La mente firme es para cuidar lo que das, y para cuidarte a ti.
Fíjate en la gente más fuerte que conozcas, la de verdad, no la que grita. Casi siempre son personas tranquilas. Compasivas. Que se enojan despacio, casi nunca. Pero que cuando dicen algo, ahí queda, y no las mueves. Esa calma no es debilidad. Es una firmeza tan segura de sí misma que ya no necesita levantar la voz.
Así te quiero, mija. Con el corazón bien abierto para los tuyos, y con una raya bien clara que nadie te cruza. Suave por dentro, firme por fuera. Que te quieran por buena, y que te respeten porque saben que buena no quiere decir tonta.
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