Juan Seguín ayudó a parir a Texas, y Texas después lo trató como a un extraño. Por eso es maestro, y por eso su historia hay que contarla completa.
Nació en San Antonio en 1806, tejano, de una familia que estaba aquí desde antes de que Texas fuera Texas. Cuando llegó la hora de pelear por la libertad de Texas, no se hizo a un lado. Entró al Álamo con los demás, y de ahí lo mandaron a salir como correo, a buscar refuerzos. Salió con el mensaje jugándose la vida. Cuando pudo volver, el Álamo ya había caído, y fue él quien más tarde les dio sepultura a los que murieron adentro.
No paró ahí. En San Jacinto, la batalla que ganó la independencia, mandó la única compañía tejana que peleó en ese campo. Hombres como él, mexicanos de Texas, pusieron el cuerpo por esta tierra. Después fue senador de la nueva república y alcalde de San Antonio, su ciudad.
Y aquí viene la parte que duele, la que no se debe callar. Con los años, a los mismos tejanos que lo habían dado todo por Texas empezaron a verlos con sospecha, como si por su sangre y su idioma ya no fueran de fiar. A Seguín, al héroe, lo corrieron. En 1842 renunció y se fue con su familia a México, y allá, según él mismo lo contó, lo obligaron a servir en el ejército mexicano, contra la misma Texas que él había ayudado a liberar. El que ayudó a levantar la casa terminó tratado como intruso adentro de ella.
¿Qué nos enseña? Dos cosas. Una, que los nuestros estuvieron aquí desde el principio, poniendo el pecho, y que esta tierra también es nuestra, por derecho y por sangre. Y dos, que ser de aquí no se mendiga ni se pide permiso. Se carga con la frente en alto, aunque a alguien le estorbe tu apellido o tu acento. A Seguín lo quisieron borrar. Aquí lo recordamos, porque su historia es la nuestra.
Juan Seguín (1806-1890), líder tejano de la Revolución de Texas; fue correo del Álamo, capitán en la batalla de San Jacinto y alcalde de San Antonio. Información histórica de dominio público; esta página es una reflexión y no constituye asesoría legal.