Juan Manuel Márquez ganó dejando que el otro se lanzara primero. Por eso es maestro, y por eso su manera de pelear le sirve a cualquiera que entre a un pleito.
Fue campeón del mundo en cuatro divisiones distintas, mexicano de pura cepa, con una cabeza fría rara arriba del ring. Lo suyo no era lanzarse como loco. Era el contragolpe: dejar que el rival tirara, leerlo, y devolverle el golpe justo en el instante en que venía descubierto. Paciencia, inteligencia y una precisión de relojero.
Cuatro veces peleó contra Manny Pacquiao, uno de los más rápidos y explosivos de su época, un huracán. Márquez no trató de ser más huracán que él. Al contrario. Aguantó, estudió, esperó. Y en la cuarta pelea, en 2012, con un solo contragolpe perfecto lo mandó a la lona a dormir. Un tiro. El que se lanzaba de más se estrelló contra el que sabía esperar.
Ahí está la lección, y sirve igual en una corte. No siempre gana el que ataca más fuerte ni el que grita primero. Muchas veces gana el que sabe esperar, el que deja que el otro se descubra, que hable de más, que se confíe, y entonces, en el momento preciso, responde con el golpe que decide todo. La agresión sin cabeza se castiga sola.
Márquez es de los nuestros: disciplina, oficio, cabeza fría y corazón de guerrero. Nunca fue el más rápido ni el más ruidoso. Fue el más listo y el más paciente, y por eso, cuando muchos ya lo daban por viejo, seguía ganando. El que pega con la cabeza dura más que el que pega por pegar.
Juan Manuel Márquez (n. 1973), campeón mundial mexicano de boxeo en cuatro divisiones; su cuarto combate contra Manny Pacquiao, resuelto por nocaut, fue el 8 de diciembre de 2012. Información deportiva de dominio público; esta página es una reflexión y no constituye asesoría legal.