Su padre era tapicero mexicano; su madre, mexicoamericana lectora; sus hermanos, seis. Ella escribió, para toda una generación, la primera casa que se pareció a la nuestra.

Sandra Cisneros nació en Chicago en 1954. El padre venía de la Ciudad de México a tapizar sofás; la madre ahorraba para libros. Sandra fue la única hija entre seis hermanos hombres. La familia se mudaba entre Chicago y México cada vez que el papá extrañaba a su madre; la casa nunca duraba mucho, y siempre fue chica.

Ese entre entre es de donde salió su voz. La niña que hablaba español con su padre y inglés en la escuela, y a la que en las dos casas le dijeron, de distintas maneras, que estaba usando mal el idioma. En español, que hablaba con acento americano. En inglés, que su casa hablaba con acento mexicano. Los dos eran mentira, pero uno los oye.

Escribió The House on Mango Street en 1984, un libro chico de cuarenta y cuatro estampas cortas contadas por una niña llamada Esperanza que quiere una casa que sea suya. Se publicó en una editorial pequeña de una universidad pública. De ahí, muy despacio, empezó a viajar. Primero de mano en mano entre maestros. Luego a las bibliotecas. Luego a los salones de clase. Hoy se lee en las escuelas de todo Estados Unidos, y de las que más se lo enseñan son las escuelas de Houston, San Antonio, Dallas, El Paso, y de las ciudades del norte donde ustedes viven.

La razón por la que ese libro no se ha caído en cuarenta años es una decisión de artesana que casi nadie hace. Cisneros escribió las palabras en español que su cabeza usa en español, sin cursivas, sin traducción, sin explicación. Dejó abuelita como abuelita. Dejó nixtamal como nixtamal. Le hizo al lector bilingüe el favor de tratarlo como el lector completo que es, y le hizo al lector monolingüe la cortesía de asumir que puede aprender. Suena a poca cosa. Fue una revolución callada.

Por qué está aquí. Porque en un caso hay un momento en que hay que hablar. En la declaración. En el juicio. Frente al jurado. Y hay gente que llega a ese momento sin la voz, porque toda la vida les dijeron que la voz que tenían estaba equivocada. En español la usaban mal. En inglés la usaban mal. Los dos son mentira, pero uno los oye. Cisneros probó que la voz que a uno le dio la vida es la voz que dice la verdad; que la casa chica es una casa; que la mesa donde se hablan dos idiomas es una mesa completa. Al que le toca hablar por sí mismo, o testificar por un ser querido, esa es la lección: la voz que traes es la que sirve. No pidas prestada otra.

Sigue escribiendo. Vive en San Miguel de Allende, después de muchos años en San Antonio. Tiene una casa grande, después de tantos años de casa chica.

Sandra Cisneros (Chicago, 1954), poeta y novelista mexicoamericana; autora de The House on Mango Street (1984), Woman Hollering Creek (1991), Caramelo (2002) y Puro Amor (2018); MacArthur Fellow (1995), National Medal of Arts (2015) y PEN/Nabokov Award for Achievement in International Literature (2019).

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