Nuestras madres nos lo repetían: en boca cerrada no entran moscas. No es que uno tenga algo que esconder. Es que hay momentos en que hablar de más solo trae problemas, y después de un accidente o un incidente, ese momento llega rápido.

Poco después de que usted se lastima, suena el teléfono. Es el ajustador de la aseguradora del otro, amable, preocupado, y quiere nada más una declaración grabada. Escuche bien: usted no está obligado a darle una declaración grabada a la aseguradora del responsable. Y lo que diga, dicho de prisa, con dolor, sin pensar, puede volverse en su contra después, sacado de contexto.

No es deshonestidad. Es prudencia. Usted tiene derecho a no contestar todo en el momento, a pensar, a pedir consejo antes de hablar. Una frase suya, mal entendida, puede costarle el caso. El silencio, en cambio, no le cuesta nada.

Así que después de un golpe, si algo dentro de usted le dice que todavía no hable, hágale caso. Cierre la boca un momento, busque orientación, y deje que hablen las pruebas y los papeles, no una frase que soltó con la guardia baja. En boca cerrada no entran moscas, y en un caso, tampoco entran trampas. Si no está seguro de qué decir, llámenos antes al (713) 239-2300.

Esta página es información general y no constituye asesoría legal. Cada caso depende de sus propios hechos; consulte sobre el suyo directamente.