Si algo se oye mucho, por algo será: casi siempre hay algo de verdad detrás de lo que se dice. Hay quien lo dice de otro modo: cuando el río suena, piedras trae.
Cuando el río suena, agua lleva. En muchos casos de lesiones, el ruido de antes es el caso. Pero en la corte el ruido no basta: hay que enseñar el agua.
Pasa en el trabajo, en el edificio, en la tienda: antes del accidente, ya se oía. La máquina que se trababa. El barandal que se movía. El escalón que ya había tumbado a alguien. Los compañeros que decían que no era la primera vez. Ese ruido importa, porque en muchos casos la pregunta es si el dueño, la empresa o el fabricante ya sabía, y la queja de antes es la que contesta.
Pero el “dicen que” no es prueba. La Corte Suprema de Texas lo dejó claro en 2004, en un caso contra un fabricante de carros: los accidentes de antes pueden servir para probar que un producto era peligroso, que hacía falta una advertencia o que a la empresa no le importó, pero tienen que haber pasado en condiciones razonablemente parecidas, aunque no idénticas. Ahí, cientos de quejas guardadas en los archivos de la empresa no debieron llegar al jurado, porque no se demostró que fueran del mismo problema. El ruido tiene que ser del mismo río.
Por eso, si ya se oía, apúntalo ahora, mientras te acuerdas: quién se quejó, a quién, cuándo y de qué exactamente, y qué pasó después. El nombre del compañero que lo vio. La foto de la misma falla otro día. El mensaje de texto. El número del reporte. Así el ruido se vuelve agua.
El ruido avisa. Lo que prueba es el agua: la misma falla, en el mismo lugar, con nombre y con fecha.
Este dicho es una reflexión general; no describe ni promete el resultado de ningún caso. Cada caso depende de sus propios hechos y de sus propios plazos. Información general, no asesoría legal.