Todo caso se mueve con una sola palabra: porque. Es el motor. Quítala y no queda caso. Ponla bien, y el jurado ya sabe qué hacer.
Mucha gente cree que un jurado pesa las pruebas en una balanza, como quien pesa tomates. No es así. Un jurado arma una historia. Y toda historia se sostiene con "porque": esto pasó porque aquello; esta familia quedó así porque el otro hizo esto. Cuando el porque es claro y honesto, la historia se para sola. Cuando falta, no hay adorno que la salve.
Por eso, antes de hablar de leyes, de números, de nombres, hay una prueba sencilla. ¿Puedes decir tu caso entero en una sola frase, con un porque en medio? "Mi cliente ya no puede trabajar porque..." Si esa frase aguanta sola, tienes caso. Si tienes que dar tres rodeos para llegar al porque, ahí está la debilidad, y hay que trabajarla antes de que la encuentre el otro lado.
En la ley, ese porque tiene nombre: causa. No basta con que alguien haya hecho algo mal. Hay que unir ese algo con el daño, de manera que el jurado vea la línea de uno al otro sin brincos. Un mal acto, suelto, sin ese puente, no llega. El puente es el porque.
El movimiento: escribe tu caso en una frase, con el porque en el centro, y quítale todo lo demás. Si aguanta desnuda, aguanta en el juicio. Un buen veredicto, al final, no es más que un porque bien contado, poniéndose la ropa.
En la ley, el "porque" es la causa: hay que conectar el acto con el daño (causa de hecho y causa próxima) para que el reclamo llegue. Esto es información general, no asesoría legal.